Ahora que atravesamos una crisis potente hacemos memoria de las cosas que se pueden hacer para que esta no haga mella en nuestra economía. No aprendemos. Algo así nos ocurrió en la que nos llegó después de los Juegos Olímpicos de Barcelona, que cuando merma la recaudación pretendemos que las administraciones, y lo que es peor, que los sindicatos hagan algo.
Hay que preguntarse cada uno qué ha hecho antes, en tiempos de bonanza, para que hoy no sufra su economía. La respuesta es clara: nada.
Cuando algún sindicato nos llamó para sentar las bases de un futuro viable preferimos no oírlo por no creer que algún día una crisis podría poner en jaque nuestra existencia como medio de trabajo mínimamente rentable. Se habló de crear un sistema tarifario que hoy sería idóneo para estos tiempos y técnicamente rentable en época de actividad alta. También se habló de iniciar una empresa con participación de todos los taxistas para que nuestros costes hoy fuesen lo más bajos posibles, pero sólo acudimos a esta llamada 30 taxistas.
Insisto en que hay que preguntarse qué hemos hecho por asegurarnos el futuro de nuestra profesión. No podemos llorar ahora lo que no quisimos hacer antes. No tenemos derecho.
Últimamente hay reuniones de diversas asociaciones (algunas ficticias por adjudicarse una representatividad sectorial inexistente como la FCT), con la administración para ver qué se puede hacer para paliar el déficit que estamos padeciendo, y tengo que decir que se haga lo que se haga, (que se va ha hacer bien poco, o nada), ya llega tarde, pues aunque se intente cambiar algo de la Ley llevará tiempo y, personalmente, creo que la Ley no es mala en absoluto. Es bastante liberal y nos pone a todos, empresas y autónomos, en el mismo nivel.
Supongo que la administración hace su papel a la perfección haciendo ver que intenta tomar iniciativas para que la crisis no dañe más al sector, pero sabemos que es sólo para que pase el tiempo y cuando se decida algo ya no sea necesario. Todos recordamos cuando se decía que faltaban coches a ciertas horas, y ahora sobramos. Falta regulación de oferta y demanda.
Si pensamos en que la administración nos va a regular con efectividad es que somos unos ilusos, pues es bien sabido que a esta sólo le interesa el tema de que se den servicios a todas horas y, lo que es peor, que la oferta sea amplísima siempre.
Está claro que necesitamos un ente que nos regule con justicia. Que permita que entren en el sector conductores cuando hagan falta realmente. Que trabajemos con horario limitado cuando lo requiera la demanda de taxis. Que se persiga a los intrusos con efectividad. Que las tarifas no sea un instrumento político. Que la rentabilidad sea la merecida con respecto a la calidad del servicio. Que las licencias sean para dar servicio a la ciudadanía y no un simple puesto de trabajo. Que nuestras licencias sean un negocio que de un rendimiento razonable. Que los comisionistas desaparezcan. Que las jornadas laborales no sean maratonianas en ningún momento, etcétera, etcétera. Todo esto se puede regular, pero no desde la administración, porque está más que comprobado que no es posible, pues la administración está dirigida por políticos que sólo miran el voto del ciudadano.
En la Ley se contempla la posibilidad de crear un Colegio Profesional para el Taxi de Barcelona. Un colegio es ni más ni menos que un ente que lo dirigen los representantes elegidos por los colegiados, es decir, los taxistas. Y, por ley, deben velar por los intereses de los colegiados.
Pensemos si ahora es el momento de pedir unánimemente este colegio que, al menos, los taxistas, a través de él, podamos elegir nuestro futuro y no depender de la politización de administraciones y sindicatos. El colegio es el organismo que nos regularía con toda justicia y no permitiría la quiebra técnica de nuestra actividad. Pero también un colegio puede corromperse, aunque eso pasa sólo si el taxista lo permite no prestando atención a las gestiones que este haga y desatendiendo las urnas cuando se le convoque.
Pensemos si vale la pena seguir como hasta ahora o es mejor cambiar el sistema de regulación del servicio. Hay que elegir entre dos métodos, el actual o el colegiado. El actual ya lo conocemos y sabemos de su gestión y resultados, pero el colegiado ni siquiera lo conocemos.
Está en nuestras manos.




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