Hay personas que le gusta aparentar lo que no es y, por mucho que se le diga en los foros de opinión, no cesan en su empeño de aparecer como agentes útiles para sector. Viven a costa de la Industria del Taxi, pero llevan décadas sin poner el libre. No pierden la ocasión para brotar en cualquier medio y explicar cualquier cosa por muy inejecutable que sea. La compra-venta de licencias y las credenciales de nuevos taxista son algunas de sus principales fuentes de ingresos.

Algunos lo hacen por concluir su particular carrera política con el máximo éxito posible, gustando a su protector político e intentando escalar posiciones que puedan consolidar su economía, o ego, particular. Otros se presentan como solucionadores del sector por sus propios intereses económicos regentando su gestoría con un sindicato adscrito a ella para ahorrarse fiscalmente algún dinero que otro, pero el resultado final no es el beneficio de un sector, si no el beneficio particular de él mismo, ya que es presidente del sindicato y titular de la entidad gestora.

Dionisio Gracia es un señor que aparece y reaparece cada dos por tres dando soluciones que él cataloga como muy beneficiosas, pero en la práctica son nimiedades que no terminan en algo lo suficientemente tangible como para que el taxista note su gestión que él  alardea de magnífica. Como ejemplo están los casos del gasoil profesional y el tema ya incesante de los seguro con un precio razonable para el titular de una licencia de taxi. Personalmente creo que los dossiers que, a veces, presenta son el mismo de cada año pero cambiándole la fecha.
Lo último que he leído sobre él es en la revista del IMeT con el título de “Soluciones a la crisis. Un artículo que, esta vez sí, me lo he leído con atención para averiguar entre líneas una explicación del por qué este señor habla como habla aunque lo que diga, en mi opinión, carezca de sentido, o de sentido aparente.
En su artículo dice textualmente “…al importante recorte sufrido en el precio de las licencias metropolitanas, a lo que debe añadirse el grave inconveniente del fuerte parón en la concesión de préstamos por parte de los bancos y cajas.” Bien, como se podrá comprobar, esto es totalmente erróneo, pues la bajada del precio de las licencias se debe a que no hay créditos para estas compras. Cosa que él mismo reconoce en su parte final del escrito diciendo “… el número de compradores se ha reducido fuertemente por la paralización de los préstamos bancarios…” Como se puede apreciar es una incoherencia total.
En otro párrafo dice “…mi obligación es buscar soluciones…,” como si alguien se las pidiera, y visto lo visto casi mejor que no busque nada. Que se dedique a trabajar en lo suyo sin molestar más. Además nos anima a ser activos y nos invita a que demos “los mejores servicios con el máximo de valor añadido respecto de otros medios de transporte, para que nadie pueda comerse nuestro mercado”, como si no supiéramos que el buen mercado está ya negociado con las emisoras comisionistas y el turismo captado por agencias, de la misma forma que el servicio extraordinario del autobús azul del aeropuerto ya nos sacó buena parte de esos servicios rentables y con valor añadido. Nuestro único valor añadido hoy en día es el precio del servicio que está por debajo del coste real.
En su texto alienta a los que trabajan más de doce horas, dando inequívocamente señales de que el taxi no ha cambiado nada en décadas sobre su esclavitud original  en cuestión de horas para hacer que la rentabilidad se vea algo. Incluso con el trabajo suntuoso de este personaje, el sector, ha sido incapaz de zafarse de esa opresión horaria.
El colmo de la magnanimidad del señor Gracia es el hecho de haber “…mantenido diversas reuniones con importantes entidades financieras (…) para que puedan volverse a comprar licencias y de esta forma se reordene el mercado.” La pregunta es si los demás sectores, como el del automóvil o la construcción, han hecho lo mismo. Seguro que sí, y con las garantías de contratas muy solventes, pero el crédito está cerrado para todos, y lo es aún más para una licencia de taxi que la única garantía que se ofrece a la financiera es hacer horas y horas sin caer ni siquiera enfermo. Todo un aval, sí señor.

Señor Dionisio, desde mi humilde criterio (y, seguramente erróneo), el verdadero favor que usted puede hacer al sector es que se jubile de una vez y desaparezca para siempre del sector. Haga una vida discreta sin molestar a nadie, pues ya lo ha hecho bastante y sólo para beneficiarse usted solito. En definitiva,  usted  no es más que un "hortera", en el sentido de aparentar lo que no es. Como los antíguos empleados de comercios del textil, que vestían con buenos trajes y con modales finísimos pero procedían de clases analfabetas.

MANGO